friedrich nietzsche
¿Quién soy yo?
¿Somos comunitaristas o liberalistas?
Ni lo uno ni lo otro, o mejor dicho: ambas son ilusiones creadas por una moral débil que teme a la voluntad de poder. El comunitarismo ensalza al grupo por encima del individuo. El liberalismo, en cambio, proclama la libertad individual, pero muchas veces lo hace en nombre de un egoísmo conformista, sin verdadera grandeza.
Yo no creo en el hombre como “ser social” destinado a diluirse en la masa, ni en el individuo vulgar que sólo busca su placer. Lo que yo propongo es la afirmación del individuo fuerte, el que rompe con la manada, el que se atreve a decir “sí” a la vida desde su propia creación de sentido. No somos ni comunitaristas ni liberalistas: somos esclavos hasta que nos liberamos de esas etiquetas.
Una crítica social desde mis ojos: Las tres libertades
La libertad negativa, esa obsesión moderna por no ser oprimido, no es más que el primer paso: una ilusión que satisface al esclavo porque ya no siente la cadena, aunque aún la lleva en el alma; la libertad positiva, en cambio, es la capacidad de imponerse a uno mismo un destino, de crear valores propios y vivir según la voluntad de poder; y la libertad política, tal como la entienden las democracias, es inútil si quienes participan son masas débiles y domesticadas: solo tiene sentido si sirve para que el individuo fuerte, libre y creador pueda elevarse por encima del rebaño.
La sociedad actual teme a la verdadera libertad porque teme a la diferencia, al genio, al poder interior. Prefiere la igualdad que aplasta, la moral que calma conciencias, y la libertad de papel que no exige ningún esfuerzo.
Yo, Friedrich Nietzsche, os digo: la libertad no es un derecho, es una conquista. Y sólo aquellos que se atreven a romper con la masa, con la moral tradicional, y con los falsos ídolos de la modernidad, podrán llamarse verdaderamente libres.
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